Siempre fui nómada. Tenía la necesidad de salir de casa y conocer.
No importa si era en mi propio país o en el exterior.
Pero ver, sentir y hasta conversar con personas diferentes para mí era una experiencia increíble.
Hice amigos de todo tipo. Algunos aun forman parte de mi vida.

No sé si era la edad, mi espíritu despreocupado, mi mente desordenada o mis ganas de libertad, pero aun con novio siempre quería escaparme a cualquier lugar.
No exactamente por buscar  una aventura .
Simplemente quería estar sola, conmigo.
Quería vivir.

Y sé que suena egoísta.
Pero fue así.

La última vez que viajé sola

La última vez que viajé sola estaba embarazada de Nicoletta.
Tomé un avión desde Panamá parando por Miami, luego Roma rumbo a Catania, Sicilia, yo sola; después en auto hasta Siracusa, Sicilia.
Literal 24 horas.

Iba con el corazón en la mano.
Y allí me encontré con él.
El padre de mi hija.
El hombre que había cambiado mi vida.
Alguien que conocí sin buscar conocerlo y en mi propio país. y eso que andaba siempre en movimiento.

Fui a encontrarme con él.
El tuvo que regresar a su país por cuestiones de trabajo y yo esperé hasta pasar los “3 meses de cuidado especial” del embarazo para ir a encontrarnos.

La última vez que viajé sola

Sería la última vez que montaba un avión en soberanía.
La última que reservaría un vuelo sin pensar en que tengo compañía.
La última que estaría sola en la fila del counter de la aerolínea y pasaría por el xray de aduana, sola.
La última que caminaría sin tener seguir el ritmo de otros pies - un par grandes y otros pequeños - que me acompañan, aun cuando quiera correr para la próxima conexión.

Y recuerdo haberme 'auto invitado' a comer en un restaurante en el aeropuerto de Miami brindando por aquel “último viaje”.

Regresamos un mes después, juntos, para siempre.
Más nunca he viajado completamente sola.
He seguido conociendo, pisando aeropuertos, manejando carreteras, pero en tres.

Y ahora tengo que hacer todo eso que mencioné: esperar otro pies, reservar en pareja y hasta más, como compartir el snack que me da la aerolínea aun cuando me encanta comerlo, sola.

La diferencia es que...
ahora quiero hacerlo así - en tres - por el resto de mi vida.


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Fotos Siracusa, Sicilia 2013.

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Siempre fui nómada. Tenía la necesidad de salir de casa y conocer.
No importa si era en mi propio país o en el exterior.
Pero ver, sentir y hasta conversar con personas diferentes para mí era una experiencia increíble.
Hice amigos de todo tipo. Algunos aun forman parte de mi vida.

No sé si era la edad, mi espíritu despreocupado, mi mente desordenada o mis ganas de libertad, pero aun con novio siempre quería escaparme a cualquier lugar.
No exactamente por buscar  una aventura .
Simplemente quería estar sola, conmigo.
Quería vivir.

Y sé que suena egoísta.
Pero fue así.

La última vez que viajé sola

La última vez que viajé sola estaba embarazada de Nicoletta.
Tomé un avión desde Panamá parando por Miami, luego Roma rumbo a Catania, Sicilia, yo sola; después en auto hasta Siracusa, Sicilia.
Literal 24 horas.

Iba con el corazón en la mano.
Y allí me encontré con él.
El padre de mi hija.
El hombre que había cambiado mi vida.
Alguien que conocí sin buscar conocerlo y en mi propio país. y eso que andaba siempre en movimiento.

Fui a encontrarme con él.
El tuvo que regresar a su país por cuestiones de trabajo y yo esperé hasta pasar los “3 meses de cuidado especial” del embarazo para ir a encontrarnos.

La última vez que viajé sola

Sería la última vez que montaba un avión en soberanía.
La última que reservaría un vuelo sin pensar en que tengo compañía.
La última que estaría sola en la fila del counter de la aerolínea y pasaría por el xray de aduana, sola.
La última que caminaría sin tener seguir el ritmo de otros pies - un par grandes y otros pequeños - que me acompañan, aun cuando quiera correr para la próxima conexión.

Y recuerdo haberme 'auto invitado' a comer en un restaurante en el aeropuerto de Miami brindando por aquel “último viaje”.

Regresamos un mes después, juntos, para siempre.
Más nunca he viajado completamente sola.
He seguido conociendo, pisando aeropuertos, manejando carreteras, pero en tres.

Y ahora tengo que hacer todo eso que mencioné: esperar otro pies, reservar en pareja y hasta más, como compartir el snack que me da la aerolínea aun cuando me encanta comerlo, sola.

La diferencia es que...
ahora quiero hacerlo así - en tres - por el resto de mi vida.


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Fotos Siracusa, Sicilia 2013.

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